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#1 Sobre extraterrestres y ovnis

Agunas reflexiones sobre...
¿Existen los extraterrestres? ¿Recibimos visitas de OVNIS?
 
Estas son dos preguntas sobre las que podemos especular con diferentes enfoques, pero con un mismo denominador común, la ciencia. Esto es así porque, aunque son debates que aparentemente estén ligados, uno se puede considerar bastante más serio que el otro. Especular con la existencia de vida en nuestro Universo es una cosa y hablar sobre las periódicas visitas de pequeños hombrecillos verdes otra muy distinta. Sin embargo, a muchos niveles de nuestra sociedad, ambos conceptos parecen en la mayoría de los casos que están indisolublemente unidos. Esto es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Cualquier tipo de debate que solía iniciar con otras personas respecto a las posibilidades de encontrar vida en otros planetas,  derivaba habitualmente en conversaciones de pseudociencia, en la que el supuesto inicial de la vida extraterrestre siempre se transformaba en los alienígenas de las películas o series de televisión y en cómo estamos siendo analizados por ellos con algún oscuro objetivo, algo parecido a lo que hacemos nosotros con las cobayas que se emplean en los laboratorios. Y, con gran pesar, notaba que las apreciaciones particulares de estas personas, sustentadas por, según ellos, una gran masa de testimonios recogidos en infinidad de informes o documentos oficiales, se superponían a una argumentación racional y técnica. Creo que algo ha calado muy hondo dentro de nuestra sociedad como para que personas realmente inteligentes, cultas, sean capaces de asumir determinadas teorías tan alegremente sin haber pasado por un tamiz previo de lógica.



Por ello, en esta reflexión, iremos ligeros de equipaje. Tan solo unos pocos datos técnicos y una buena ración de lógica deberían ser suficientes para llegar al menos a unos supuestos bien argumentados. Empecemos el camino.

Si sólo estamos nosotros, cuanto espacio desaprovechado (Ted Arroway a su hija en “Contact”)

Para la primera pregunta que planteaba desde el principio, la respuesta más probable es que sí, pero con matices que iremos viendo. Este sí sería más rotundo cuando cambiamos la pregunta inicial por “¿Existe vida, VIDA, fuera de nuestro planeta?”  y no cuando nos limitamos a preguntarnos solo por la existencia de otras civilizaciones avanzadas, que es lo que parece que queremos decir cuando hablamos de extraterrestres. No es lo mismo una cosa y la otra. También hemos de considerar que la pregunta tal cual está formulada no limita el espacio donde pueda existir, es decir, que abarca todo el Universo y no solo dentro de nuestra galaxia.

Los últimos datos de los que disponemos aportan cifras de aproximadamente 2 billones de galaxias en nuestro Universo (dos millones de millones), una cifra asombrosa por su magnitud. Y sólo nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene más o menos 300.000 millones de estrellas, aunque no se conoce con exactitud la cifra de estrellas en ella. Demósla por buena. Potencialmente, pueden existir millones de planetas capaces de albergar vida tal como la conocemos sólo dentro de nuestra galaxia, pero si hablamos de todo el Universo, la cifra sería increíblemente superior. Hay más estrellas que granos de arena de todas las playas del mundo juntas. Sería algo asombroso que, aparte de nuestro planeta, no hubiera una estrella con al menos un planeta capaz de albergar vida en el Universo.

Pero hablar de vida en otras galaxias es un debate estéril. No creo que tengamos capacidad para poder viajar algún día a otras galaxias o de, simplemente, comunicarnos con quien esté allí; incluso las más cercanas están demasiado lejos de nosotros. Nuestra vecina, la galaxia de Andrómeda, se encuentra a 2,5 millones de años luz. Si no estás familiarizado con el concepto “año-luz”, esta es la distancia que recorre la luz a lo largo de un año. El espacio es tan grande que nuestras unidades de medidas habituales, metros o kilómetros, no son útiles para medir esas distancias espaciales. Un año luz es aproximadamente 9,4 x 1015 metros, un 9 seguido de 15 ceros, una distancia enorme para nuestros estándares habituales. Nada viaja más rápido en el Universo que la luz, esa es una constante universal, 299.792.458 m/s (los más conocidos 300.000 Km/s para redondear). Se cumple en cualquier lugar del Universo, y como demostró Einstein con las ecuaciones de la relatividad especial, no se puede superar, ni siquiera alcanzar. Por tanto, aunque viajáramos a velocidades cercanas a la luz, no llegaríamos a nuestra galaxia vecina antes de 2,5 millones de años, en la práctica algo inviable. Podemos especular con otras formas de viajar (agujeros de gusano o la existencia de un subespacio como en el mundo Star Trek), pero de momento son ideas más propias de la ciencia ficción que de un debate realista.



Otro aspecto a considerar, especialmente a largo plazo, es que todas las galaxias se alejan unas de otras. Es un efecto del Big Bang, el Universo en expansión y que, además, se está acelerando. Vivimos una época afortunada porque dentro de mil millones de años es probable que las galaxias estén tan alejadas unas de otras que no sean visibles. Y los seres que vivan en una galaxia cualquiera piensen que el Universo entero es tan solo su propia “galaxia-isla” y a partir de ahí, la nada, el vacío absoluto. No sabrán del Big Bang como sabemos ahora, ya que no podrán observar otras galaxias alejándose de ellos tal como nosotros sí pudimos hacer para deducir esta teoría y analizar la estructura del Universo.

Por tanto, nuestra esperanza de encontrar vida sea la que sea, se reduce en la práctica a la que pudiera existir en nuestra propia galaxia. Y debemos ser optimistas al respecto, el volumen de estrellas sigue siendo lo suficientemente enorme como para contener mundos compatibles con otras formas de vida.

La vida se abre camino (Ian Malcolm en “Parque Jurásico”)

Por lo que sabemos de cómo se originó la vida en nuestro planeta, si se dan ciertas condiciones de estabilidad, determinados componentes básicos y de presencia de agua, es relativamente fácil que aparezcan las primeras formas de vida sencilla. En ese punto, dudo que haya muchas personas dentro de la comunidad científica que cuestionen la existencia de microorganismos en otros lugares de nuestra galaxia, con lo que la respuesta a la pregunta de si existe vida más allá de la Tierra, es muy posible que solo se pueda contestar afirmativamente. Es más, tal vez no tardemos en encontrarla incluso dentro de nuestro propio sistema solar. Europa y Encelado, ambas lunas de Júpiter y Saturno respectivamente, son dos muy buenos candidatos para ello. Descarto Marte, es posible que en un pasado remoto tuviera vida microscópica, pero hace ya tiempo que es un planeta muerto.


Fotos tomadas por la Voyager de Europa (Júpiter) y Encelado (Saturno)

Supongo que esto decepcionará a mucha gente, pero nuestro primer contacto con otra forma de vida será, casi con toda probabilidad, con una forma microscópica. Ciertamente, no tendrá el glamour del contacto que siempre hemos imaginado y con el que Hollywood se ha forrado, pero seguirá siendo un acontecimiento extraordinario. Me hago muchas preguntas de cómo serán esos organismos ¿los aminoácidos de sus proteínas serán los mismos que usan nuestras células? ¿usará el ADN para reproducirse? Si es así ¿emplearán los mismos cuatro nucleótidos que nosotros? ¿cómo será su química metabólica? ¿tendrán algo parecido a nuestros ribosomas? Sospecho que nuestras químicas no serán tan diferentes, que la vida se inicia en todas partes de la misma forma y que es la evolución la que con su magia produciría una increíble variedad de seres repartidos por el Universo.

Puede que este primer contacto no sea el acontecimiento interplanetario que nos gustaría, pero no debemos desdeñar el valor científico que nos proporcionará, es más, creo que será el mayor hallazgo de nuestra historia. A fin de cuentas, nosotros procedemos también de microorganismos.

Para el siguiente nivel de formas más evolucionadas de vida, organismos complejos, animales o plantas, podemos presumir que, de todos esos planetas capaces de albergar vida, algunos de ellos habrán sido lo suficientemente afortunados para no verse afectados por catástrofes planetarias de toda índole y proporcionar una estabilidad que permita un desarrollo evolutivo de formas simples a complejas. Y tal vez, quizás dentro de algún tiempo, podamos detectar indicios de estos lugares. Ahora empezamos a ser capaces de descubrir planetas en órbitas compatibles con la vida en estrellas lejanas. Si conseguimos afinar nuestros instrumentos de observación y mejorar nuestros métodos, podríamos enfocarlos a esos prometedores candidatos y estudiar la composición de sus atmósferas, detectar metano, ozono, clorofila u otros compuestos derivados de actividad biológica. Está al alcance de nuestras posibilidades y eso es una buena noticia.



Pero cada vez que avanzamos en el nivel evolutivo, las posibilidades se van reduciendo. El siguiente nivel es un salto enorme, el de formas de vida pensantes, conscientes de sí mismas, potencialmente capaces de crear una sociedad, una cultura, aunque sea muy primitiva. Solo tenemos nuestra propia experiencia para suponer cómo se origina una civilización desde formas de vida simples, y ésta nos dice que es un proceso muy largo y con muchas posibilidades de que algo salga mal. En nuestro planeta ha habido varias extinciones masivas (recomiendo leer artículos sobre la extinción del Pérmico, quizás la mas grave que hemos sufrido, casi un 95% de las especies se extinguieron en aquella etapa que dio paso a la dinastía de los Dinosaurios) que nos dicen que la vida evolucionada es frágil. Pero también es tenaz. Y tras cada extinción, los supervivientes evolucionan cuando las condiciones del planeta se vuelven a estabilizar repoblándolo con nuevas especies, la vida se abre camino una y otra vez. Pero no tienen porqué hacerlo en una especie pensante; cuanto más compleja es una forma de vida más complicado es que sobreviva en el tiempo y tenga la oportunidad de poder evolucionar hasta llegar a convertirse en materia que se pregunta a sí misma por su origen.

Nosotros mismos somos la consecuencia de una multitud de afortunados incidentes (afortunados para nosotros, para otros no lo fueron tanto, como el asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios y dio vía libre a los mamíferos) o de acontecimientos que no ocurrieron (una llamarada solar, la explosión de un supervolcán, un profundo cambio climático, otro impacto de un asteroide…) y que permitió esa necesaria estabilidad a la que estamos haciendo referencia. Tiempo, el tiempo necesario para que la evolución obre su milagro. Me pregunto cuantas cosas salieron mal en incontables planetas, cuántos prometedores linajes se quedaron en el camino, cuantas jóvenes civilizaciones fueron destruidas por un brusco cambio climático del planeta o por una pandemia que exterminó aquella especie.

Y este es un pensamiento funesto, la vida emerge y evoluciona en un entorno violento, incluso hostil, y a medida que se desarrolla a niveles superiores, se vuelve más frágil y con mayores posibilidades de desaparecer. Se tienen que dar tantas circunstancias para conseguir el éxito final, una especie pensante, que es posible que realmente la vida compleja sea una rareza en nuestra galaxia. No es descabellado pensar que, quizás, seamos la única civilización de la galaxia.

La teoría de probabilidades es sólo sentido común expresado con números (Pierre Simon Laplace)

Quiero pensar que sí, que con todas las dificultades que podemos suponer, nuestra gran esperanza es lo inmensa que es nuestra galaxia. Vamos a especular con ello; supongamos que solo un 0,1% de todas las estrellas tuviera un planeta capaz de albergar vida (solo una de cada 1000 estrellas). Esto significaría que habría 300 millones de mundos potencialmente capaces de sustentar vida, aunque fuera microscópica. Y que, a su vez, si solo un 0,1% de estos mundos hubieran, más o menos, resistido los embates cósmicos, habría cerca de 300.000 mundos con organismos complejos, con flora y fauna. Tenemos esperanza de que al menos unos pocos de estos mundos habrán permitido el florecimiento de una civilización en nuestra galaxia. Y me pregunto cuantas habrá por todo el Universo habiendo billones de galaxias.

¿Cuántos de estos mundos tendrán una forma de vida capaz de crear una sociedad? Si somos en este punto un poco más restrictivos dado que el paso de vida compleja a civilización incipiente es enorme, aplicaremos un porcentaje de 0,01% de esos 300.000 mundos, con lo que habría 300 mundos en nuestra galaxia que albergan una civilización.

Nadie sabe si estos porcentajes pudieran ser cercanos a la realidad, es pura especulación. Tal vez sean muy restrictivos y resulte que haya muchos más mundos potencialmente viables para la vida en nuestra galaxia. O quizás sean demasiado optimistas y las condiciones para albergar vida sean mucho más complicadas de lo que suponemos. Solo cuando observemos una gran cantidad de los sistemas de nuestra galaxia podremos hacernos una idea más real. En cualquier caso, tarde o temprano tendremos que salir por ahí afuera a echar un vistazo, no ya por curiosidad, sino también por necesidad. Nuestro planeta no durará para siempre y tendremos que estar preparados para buscar otros mundos colonizables algún día.

Pero nos queda el paso final de la evolución: que esa civilización se convierta en tecnológica. Estoy seguro de que este paso es inevitable para cualquier civilización que surja en nuestra galaxia. Otra cosa será el ritmo de avance de esa cultura, pero creo que se harán las mismas preguntas que nos hemos venido haciendo nosotros a lo largo de nuestra historia y que las respuestas les llegarán por el mismo método que hemos venido empleando con magníficos resultados; la ciencia. Nosotros hemos tardado cerca de 10.000 años en pasar de los primeros asentamientos, de dominar la agricultura y la ganadería, a enviar sondas al espacio y mirar los confines del Universo con nuestros telescopios. No tenemos una comparativa con otras civilizaciones para saber si esto ha sido mucho o poco tiempo, pero tengo la sensación de que nuestros antepasados se sentirían orgullosos de los logros que hemos alcanzado.

This is the end… (canción de The Doors en Apocalypse Now)

La clave de una civilización tecnológica es determinar si ha conseguido madurar a la suficiente velocidad como para responsabilizarse de los hallazgos que le proporcione la ciencia o, por el contrario, esa tecnología será la causa de su propia destrucción. La diferencia entre las velocidades de avance tecnológico y de madurez de una sociedad es lo que marcará su destino. Nosotros mismos hemos estado muy cerca de llegar a holocaustos nucleares en varias ocasiones. Y seguimos sin estar libres de ese riesgo. O podemos destruir las condiciones medioambientales que sustentan nuestro frágil ecosistema. O nuestro hábito del uso irresponsable de los antibióticos induzcan a la resistencia de un determinado y mortal tipo de bacteria que arrase nuestra especie. Tenemos la sensación de que avanzamos con mayor rapidez en nuestros descubrimientos científicos que en nuestra capacidad como sociedad para actuar de forma responsable y ética con los conocimientos adquiridos. Me pregunto si, inexorablemente, el destino de toda sociedad avanzada sea su propia aniquilación. Confío en que nuestros vecinos, si existen, tengan un poco más de cordura y de madurez al respecto.



¿Y si somos los más avanzados de la clase? ¿Y si somos los primeros que han llegado al átomo y al desarrollo de la física cuántica, punto de inflexión necesario para obtener el título galáctico de sociedad tecnológica? Hemos empezado a escudriñar el cielo en busca de señales de otras civilizaciones. Pero es una tecnología muy reciente, somos unos recién llegados a la era espacial, y podemos considerarnos afortunados de vivir justo esta etapa en la historia de la humanidad. En poco más de un siglo han ocurrido un montón de cosas muy interesantes (y también algunos de nuestros episodios más oscuros), hemos pasado de alumbrarnos con candiles y viajar en carretas a hablar con personas al otro lado del mundo mediante dispositivos que llevamos en nuestros bolsillos o mandar robots a planetas alejados para que nos envíen imágenes de cómo es aquello. Y es ahora cuando hemos empezado a preguntamos si estamos solos. Como creemos que la respuesta puede ser increíble, desarrollamos tecnología capaz de escuchar ruido de fondo del espacio y analizar si ese ruido puede tener un origen artificial. Buscamos respuestas apuntando inmensas antenas hacia el cielo.



Hemos barrido zonas ínfimas del espacio circundante y de momento no hemos hallado nada (lo siento, la señal “WOW” no me parece que sea algo a tener en cuenta). Si en los próximos siglos no recibimos una señal clara, al menos sabremos que en nuestro vecindario no hay nadie con capacidad tecnológica. Eso no quiere decir que no haya nadie ahí afuera, sino que, si existen, será menos avanzados que nosotros. Mientras, y hasta que llegue ese momento, deberíamos reflexionar sobre lo que somos, lo que estamos haciendo, lo que queremos ser, y preguntarnos si de verdad la vida inteligente estará fuera de la Tierra y no sobre ella.
 
¡El jodido OVNI aterrizó en mi campo de maíz! (Granjero de Wisconsin a su mujer)

Vayamos ahora a la segunda pregunta, “¿Nos están visitando los extraterrestres?”: creo que la respuesta a esta pregunta es más sencilla que la anterior. Y tal como dijimos al principio de esta reflexión, vamos a usar nuevamente la ciencia para tratar de deducir una respuesta sin obviar esa llamativa cultura que se ha ido formulando a lo largo de las últimas décadas. El fenómeno “OVNI” es relativamente reciente, podemos situar su origen a finales de la década de los 40, inicios de los 50. Coincide, curiosamente, o tal vez no tanto, con el inicio de la guerra fría entre las dos superpotencias vencedoras de la segunda guerra mundial.

Desde entonces hemos tenido noticias de todo tipo de presuntos avistamientos, contactos e incluso abducciones. Pero pruebas irrefutables, ninguna. Solo teorías especulativas. Incluso se ha hecho popular el icono de una especie estándar de extraterrestre de cabeza grande, ojos inmensos y cuerpo pequeño y delgado. Llamativamente similar a la especie humana, con las mismas extremidades y simetría que nosotros. Demasiado cercano a nosotros.



Se dice que ha habido miles de contactos en todas partes del mundo. Sin embargo, a día de hoy, no tenemos ninguna pieza de ningún artefacto alienígena, no tenemos ningún vídeo con resolución aceptable (más ahora, que vivimos en una época en la que todos tenemos una cámara a mano o en nuestro bolsillo), ningún avistamiento claro en una gran población o por un grupo de personas reconocidamente escépticas en este asunto. Parece que estos seres tienen predilección en dejarse ver en zonas alejadas o despobladas, a hacer gamberradas en campos de maíz o a permanecer sumergidos en ciertas áreas del océano con tendencia a tragarse barcos y aviones. Pero por el número de informes que se han recopilado y la variedad de naves y seres que se han descrito, si diéramos credibilidad a todos estos testimonios, deberíamos asumir que este planeta sería algo así como el área de servicio de una autopista, un lugar realmente frecuentado y de paso casi obligatorio para los viajeros en sus trayectos interestelares. Y eso que estamos en un rinconcito de la galaxia.

No obstante, tratemos de mantener una mente abierta y especulemos mediante el pensamiento racional. En primer lugar, cualquier contacto directo con naves extraterrestres supondría que saben dónde estamos. Creo que este hecho debería ser evidente para todos. El espacio hace realmente honor a su nombre. Es enorme. No es creíble afirmar que si nos están visitando sea porque hayan tropezado con nuestro planeta por medio de algún tipo de excursión interestelar. Si viene alguien es porque saben que estamos aquí.

Si no sabes dónde vas, poco importa el camino que tomes… (El gato de Cheshire a Alicia)

¿Sabría una civilización alienígena avanzada dónde estamos?

Supongamos por un momento que han detectado nuestras emisiones de radio y televisión. La primera emisión de radio fue en 1906. Y la primera de televisión en 1926. Así que, en el mejor de los casos, la primera emisión habría llegado a un radio máximo de poco más de 110 años luz ya que las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz. Como ya dijimos anteriormente, un año luz es una distancia enorme (9,4 x 1015 metros). Para hacernos una idea, la distancia a la estrella más cercana, Alfa Centauri, es de 4,37 años luz, esto es, 41,3 billones de kilómetros (por cierto, no hay nada interesante allí). O si lo prefieres, reduce la tierra al tamaño de una naranja. La Luna es una nuez que está a un metro de distancia. El Sol tiene el tamaño de una casa de tres plantas y está situada a 1,5 km de la naranja. Y Plutón tiene el tamaño de una uva y está a 72 kilómetros. Pues Alfa Centauri, a esa escala, está un poco más allá de la distancia de la Luna.

El diámetro de la vía Láctea, nuestra galaxia, es de 105.000 años luz. Y nosotros estamos en las afueras, en uno de los brazos espirales, el de Orión, a unas 2/3 partes del camino al centro de la galaxia. Así que nuestras emisiones, las más antiguas, han podido recorrer como mucho un 0,001% del diámetro de la galaxia.



Si quieres verlo de otra forma vamos a imaginarnos que estamos encima de la fuente de la Cibeles en Madrid, sentados junto a la Diosa. Madrid ocupa una superficie de 604 Km2, así que supondremos un cuadrado de casi 25 Km de lado con la Cibeles en su centro simulando que es nuestra galaxia. Es una galaxia pequeñita, prácticamente el espacio que está dentro del anillo de la M40 que rodea Madrid. Y antes hemos supuesto que habría aproximadamente unas 300 civilizaciones, 300 personas dentro de ese anillo distribuidas al azar. Hemos mandado una emisión y ha recorrido un 0,001% desde el centro, esto es, 25 m. O sea, que la señal no ha salido siquiera de la propia plaza de Cibeles, poco más del diámetro de la fuente. Parece muy improbable que alguno de esos 300 madrileños que están en una ciudad de semejante extensión coincidan con nosotros a 25 m de la estatua de Cibeles. Y eso suponiendo que haya evolucionado tecnológicamente y sea capaz de recibir el mensaje.

Pero, y esto es así, no podemos descartar que tengamos vecinos muy, muy cerquita. No hay pruebas en sentido contrario. Los más alejados no saben que estamos aquí, pero todos aquellos que estén en un radio de 110 años luz pueden, una vez más, si han evolucionado tecnológicamente, detectar nuestra señal. ¿Puede haber alguien con estas condiciones tan cerca de nosotros? Evidentemente, no lo sabemos. Llevamos escuchando señales poco tiempo, casi 50 años, así que solo hemos puesto nuestros oídos en una ínfima parte del espacio.

No se puede hacer trampas con las leyes del Universo

Vale, vamos a plantear entonces esta hipótesis. La del vecino cercano que ha detectado nuestra señal. Para empezar, estoy bastante convencido que no tendrían ni idea de lo que estarían escuchando (ondas de radio) o viendo (las de televisión). Aun así, les resultaría obvio su origen artificial y escudriñarían el cielo para detectar el origen de las emisiones. Puede que sean seres muy prudentes y decidieran esperar más para analizar todo lo que les fuera llegando, saber más de una civilización alienígena, sería ese mismo deseo de curiosidad que nos invadiría a nosotros. Me horroriza imaginarme lo que pensarían de esa civilización con todas esas imágenes de la segunda guerra mundial, del lanzamiento de las bombas atómicas en Japón, de los inicios de la guerra fría, de nuestra locura colectiva… Intuyo que decidirían que lo más aconsejable sería no establecer contacto, al menos de momento, con una cultura tan violenta e inmadura.

Pero no, no son precavidos. Supongamos también que son aventureros y exploradores y a pesar de la penosa imagen que les hemos ido transmitiendo quieren ponerse en contacto con nosotros. Hay dos formas: o nos mandan un mensaje de vuelta o mandan alguna nave.

Si yo fuera uno de esos alienígenas tendría claro que votaría por el mensaje. En cualquiera de los dos casos, sea el mensaje o el envío de una nave, no llegaría hasta nosotros antes de esos 110 años luz que recorrieron nuestras emisiones en el camino de ida. Podemos pensar que han conseguido un medio para sortear las leyes de la relatividad de Einstein, más adelante haremos un pequeño inciso en ellas, pero ya entramos en el terreno de la ciencia ficción. Y como hemos dicho desde un principio, que la ciencia sea el faro que guía nuestro proceso deductivo. Las leyes físicas son universales y también son aplicables en su rincón del Universo.

Un mensaje es barato. Enviar una nave, aunque fuera robotizada, sin tripulación, genera dudas. Habría que invertir un montón de valiosos recursos en su construcción, puede que algo falle en el camino, puede que cayera en nuestro poder, dando una tecnología avanzada a unos seres que no han evolucionado lo suficiente como para ser responsables de su uso.
Mandar un mensaje es eficiente. Podrían mantener una correspondencia interestelar, en la que cada mensaje tardaría cientos de años en llegar a su destinatario y, poco a poco, a lo largo de muchos mensajes, permitir a ambas civilizaciones el irse conociendo, intercambiando arte, cultura, conocimiento, preparando el terreno para un futuro contacto.

¿Pero mandar una nave? ¿Para qué?

El viaje no sería menos de esos 110 años. Nada, repito, nada, puede rebasar la velocidad de la luz en el espacio. Ese límite de 299.792.458 m/s (300.000 Km/s) es una constante universal. Se cumple en cualquier lugar del Universo, y como demostró Einstein con las ecuaciones de la relatividad especial, no se puede cruzar. Para reducir el tiempo de viaje y hacer los trayectos más cortos no podemos jugar con la variable de la velocidad, el límite está fijado. Podemos plantear hipótesis como para reducir el espacio a recorrer, como el propio Einstein propuso junta a Rosen (los puentes Einstein-Rosen), túneles que atraviesan el espacio como un gusano que atraviesa una manzana, pero esto es algo que está absolutamente fuera de nuestro alcance en la actualidad y probablemente de cualquier otra civilización.




A veces pienso que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el Universo es que nadie ha intentado contactar con nosotros (Bill Watterson)

Aun así, y ya es mucho conceder, concedamos que esa civilización ciertamente avanzada ha conseguido encontrar el método para atravesar el espacio más rápidamente por medio de esos puentes. Con ello pueden reducir el tiempo de viaje y plantarse delante de nosotros en un trayecto asumible.

Considero que una civilización con semejante capacidad tecnológica debe también haber evolucionado de tal forma que son responsables en su uso. En caso contrario, el fin inevitable es la auto aniquilación como planteábamos anteriormente. Nosotros mismos ya hemos tenido algunos avisos al respecto, los seguimos teniendo y todavía no estamos a salvo, sigue habiendo un arsenal nuclear considerable, las condiciones ambientales a nivel planetario se están alterando, estamos incidiendo en la microbiología de nuestro planeta a niveles desconocidos… puede que la autodestrucción de cualquier civilización que ha llegado a un determinado nivel tecnológico sea algo inevitable, pero me reconforta pensar lo contrario, que hay civilizaciones que maduran en consonancia a su evolución tecnológica, adquiriendo el grado de responsabilidad necesaria para su uso. Y creo que esa civilización valoraría especialmente la existencia de otros seres en su vecindario, aunque estos fueran menos evolucionados tecnológicamente que ellos.

Volvemos a la nave que acaba de llegar a las órbitas altas de nuestro planeta. Supongo que con tal nivel tecnológico tienen los medios para ser indetectables con nuestros aparatos. ¿Y ahora qué? No han venido para escuchar la radio o la televisión, eso lo pueden hacer desde el sofá (si los usan) de casa. Las imágenes de televisión les proporcionan suficiente información, y en poco más de 100 años es probable que tengan tanta información, hayan aprendido nuestras formas de comunicación, imágenes de nuestro planeta, de nuestros sueños y de nuestras pesadillas, de las películas que les llegan (¿tendrán o habrán tenido un medio de entretenimiento similar? ¿Entenderán por qué hacemos películas? ¿O concursos de televisión?), tengan un conocimiento de tal magnitud de nuestro planeta que haga poco valioso un viaje de semejantes características. Y todo ello con una ventaja esencial, que es el nulo riesgo de interferir en nuestra cultura, un aspecto del que no habíamos hablado hasta ahora pero que es crítico.

Nuestra propia experiencia nos habla de los efectos devastadores que tiene la presencia de una cultura superior sobre otra. Ejemplos no faltan en nuestra historia, los conquistadores españoles en América o los colonos americanos sobre los indígenas del oeste americano son pruebas de la influencia que tiene la repentina aparición de una sociedad tecnológicamente avanzada sobre otras culturas. El impacto biológico que tendrían sus microorganismos sobre nuestra biosfera sería impredecible. Y también al revés, nuestro impacto biológico sobre ellos. Si vienen a recoger muestras les recomiendo que sean especialmente cuidadosos. No dudemos que una especie alienígena conocería estos efectos, y si son bienintencionados, evitarán esta influencia sobre una cultura más retrasada. ¿Haríamos nosotros esto mismo si fuéramos los avanzados?

Oportunidad más instinto equivale a beneficios (Regla de adquisición Ferengi #9)

Hablemos de uno de los incidentes más repetidos en el mundo de la ufología, el suceso de Roswell el 10 de junio de 1947. Ese día, un granjero descubre unos restos de lo que supuestamente es una nave que se ha estrellado en su rancho. Aunque parece ser que se trataba de un proyecto secreto del ejército americano con unos globos sonda, los titulares de la prensa al día siguiente y algunas afirmaciones de paisanos de la zona hacen referencia a una nave y unos tripulantes de origen extraterrestre. El resto de la historia y las teorías que se originaron en dicho incidente se pueden consultar en infinidad de páginas de Internet. 




Actualmente, la ciudad de Roswell tiene un importante negocio turístico ufológico del que posiblemente participe gran parte de su población. No creo que haya mucho interés en aportar relatos reales de lo ocurrido en aquel lugar ni testimonios que puedan hacer peligrar dicho negocio. En el desierto de Nuevo México no hay muchas oportunidades de desarrollar negocios lucrativos.



Pero me interesa especialmente el dato de la fecha, 1947. Dando como válida la teoría del OVNI estrellado ¿Cómo sabían que estábamos aquí? Nuestras emisiones eran por aquel entonces bastante recientes y, además, tenían que hacer el viaje hasta nuestro planeta que lleva su tiempo. Realmente deberían estar muy, muy cerquita de nosotros para presentarse al poco de haberlas recibido. Casi a 20 años luz, aquí al lado en términos espaciales. Si fuera así, me parece que estos alienígenas, muy parecidos fisiológicamente a nosotros según las descripciones aportadas por los testigos, serían unos inconscientes por presentarse de esta forma en nuestro planeta, sin habernos estudiado lo suficiente, nuestra biología, nuestra cultura, nuestra forma de sociedad, y encima estrellando una nave para que tuviéramos acceso a una tecnología totalmente fuera de nuestro alcance. Todo muy inconsistente.

Y luego una oleada de avistamientos en la década de los 50, coincidente con una buena variedad de producciones de Hollywood referentes a este asunto. Parece que, en una época de paranoia colectiva, el mundo descubrió que estábamos siendo visitados desde otros mundos (primero desde Venus y Marte, luego, cuando se descubrió la realidad de estos mundos muertos, desde mundos más allá del sistema solar) y se originó toda una cultura pop alrededor de diversas teorías que cuando iban siendo rebatidas, se sustituían por otras más elaboradas que fueran más difíciles de refutar. Hemos pasado de unos platillos volantes toscos, incluso cutres, a unas naves altamente sofisticadas, básicamente producto de la evolución en los efectos especiales de las películas. Supongo que este “desarrollo tecnológico” de las naves alienígenas a lo largo de estas décadas está íntimamente relacionado con nuestra propia evolución tecnológica.



Nuestra sociedad ha creado toda una cultura paralela basada en este fenómeno OVNI. Sin embargo, ninguna prueba o algo digno de considerarse así ha sido aportada para evidenciar este hecho. Todas las teorías o afirmaciones al respecto tan solo se sustentan por testimonios, en algunos casos rozando o superando lo absurdo, como aquellos casos de encuentros sexuales con seres de otros planetas, que tratan de dar credibilidad a un hecho como mínimo cuestionable. Un volumen alto de testimonios de avistamientos o de abducciones no proporciona automáticamente una mayor veracidad a una aseveración de semejante calibre. De la misma manera, por el hecho de que existan muchas personas que afirmen (e increíblemente lo sigan haciendo) que la tierra es plana, esto no aporta un mayor valor a dicha afirmación ni la otorga mayor credibilidad. No solo no aportan una evidencia objetiva que permita un análisis serio de sus hipótesis, sino que desdeñan con insólita ligereza la pruebas que se les muestran en contra.


¿En serio? ¿DE VERDAD?

Solo por curiosidad científica, tengo que echar un vistazo al último...

En una próxima reflexión, quiero hablar de uno de los casos más llamativos con los que nos podemos encontrar: la conspiración del gobierno de los USA para llevar el hombre a la luna. Algunos de los argumentos que se emplean para asegurar que el hombre no pisó la luna son realmente cómicos.

Hay un libro maravilloso de Carl Sagan “El mundo y sus demonios” que explica esta locura colectiva de avistamientos. El por qué hay tantas personas que dicen haber sido abducidas. Recomiendo su lectura, y muy especialmente a todos los fanáticos del fenómeno OVNI para obtener un punto de vista racional. Si, como suelen transmitirnos a los que somos más escépticos sobre este asunto, es necesario mantener una mente abierta, por mi parte insisto que su lectura es posiblemente una de las mejoras formas de abrir la suya, lleguemos al sano debate de la confrontación de ideas en igualdad de condiciones.

Por favor, recordad que es importante mantener la mente abierta, pero no tanto como para que se caiga el cerebro de la cabeza.


 
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