REVISTA AGROX

La revista AGROX era la revista que se publicaba en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid. Llamarla revista es un tanto presuntuoso ya que su formato se asemejaba más bien a un fanzine, aunque este hecho poco importaba. Lo realmente importante eran sus contenidos y, sobre todo, la ilusión y el esfuerzo que ponía un grupo de gente en su publicación. Trataba de temas diversos, esencialmente relacionados con la Escuela, aunque también se reservaba un espacio para relatos, comics, sección de cine, etc. Tuve el honor de formar parte de esa revista durante unos pocos años y, como homenaje, quisiera publicar aquí algunos de sus artículos más célebres.

PLOF STORY

Tras una eterna clase de hidráulica, nuestro héroe se dirigió al bar. Aquel merecido descanso, con palmera de chocolate incluida, parecía que iba a ser uno más, uno cualquiera. Pero no fue así. Ya de vuelta el lángido arrastre de piernas hacia el aula 8 que precede hacia la siguiente hora de clase fue súbitamente interrumpido por una visión celestial.

Salía de la secretaría un ente femenino con los ojos negros como la noche y un cabello castaño claro que caía en rizos sobre el suelo. El vestido era discreto, de colores sobrios. En verdad los colores podían no ser sobrios, pero ¿quién se iba a fijar en los colores?

Acompañaba al ente un sucedáneo de amiga que charlaba alegremente de mil tonterías. De la amiga solo eran destacables los ojos azules, porque la impresión sinsorga y la cara de pan de pueblo que no había quien se la quitara. "Ella" la escuchaba, con la mirada posada vaya usté a saber. Sopló un poco el viento, y mientras las trenzas negras de la amiga en cuestión se movían por acá y por allá, "sus" rizos ondeaban ligeramente.

En ese sorprendente día del otoño de 1988 comenzaron las tribulaciones de nuestro héroe, quien, todo hay que decirlo, adolecía también sobradamente de la característica "cara de pan de pueblo". No se podía decir que su físico estuviera mal, a no ser desde un punto de vista muy optimista. No hacía deporte, y a cambio tampoco daba de sí lo suficiente en el plano intelectual, por lo que a la tristeza corporal se le sumaba en los ojos una tristeza interior generaliza que convergía en una expresión gris de cordero degollado, expresión que no le abandonaba ni a sol ni a sombra, y que había pasado a ser fiel reflejo de su estado de ánimo. Quizás para ver a los demás mejor, o quizás para que los demás no le vieran a él tanto, vestía gafas de ligera miopía, completando así su aspecto, que visto globalmente podríamos calificar de deplorable.

Unos ojos negros, los de "ella", le sacaron del letargo vital durante toda la hora siguiente. Abandonó a su suerte al profesor y a sus ponderaciones hidrométricas, y soñó con unas nuevas ponderaciones que todavía no vienen en el libro.

Desde entonces la veía de vez en cuando por sorpresa, de lejos en el ancho hall, a media distancia en el bar, de cerca al cruzarse en un pasillo con ella, de infarto al salir de la Biblioteca. Unas veces sola, las más acompañada por la amiga de los ojos azules, la que no hacía más que colocarse la trenza.

Un maldito día estaba rodeada de un grupo de chicos babosos y sin gracia, demasiado altos para ella, que encima la hablaban de púrfidos, basaltos y otros temas demasiado sucios para sus oídos. Ella estaba interesada, porque la habían dejado Geología para febrero y no sabía que hacer.

En cuatro patadas nuestro héroe bajó casi rodando hasta el laboratorio de Geología. Suspendidas había cuatro Martas, dos Amparos, una Luisa, una Nerea, una Dolores, dos Rosas, una Piedad, una Rosario y una incontable legíón de Maria de la X, con X tendiendo al infinito.

Tras muchos días de darle vueltas, nuestro héroe no se decidía a abordar abiertamente a la protagonista de sus pesadillas. "Esta maldita timidez me va a hacer perderla. Se echará novio, incluso antes de conocerme, antes de saber que yo estaba primero".

Un primaveral día de 1989 nuestro héroe le echó valor y se plantó con su recién comprado SIMCA fabricado en vida de Franco, ante la puerta de la Escuela. La abordaría de una vez por todas.

Ciento cincuenta y tres minutos y medio después, un viejo SIMCA recalentado bajo el sol la vio pasar a "ella" con una falda escocesa. Iba acompañada de la amiga Mil Veces Maldita. Ambas dos se toparon con un muchacho tipo "anuncio de KAS naranja" que dio un horrible y preocupante beso en la mejilla de "ella" y un tranquilizador beso en la boca de la amiga MVM. Los dos tortolitos se fueron al coche de él, y "ella" se quedó sola en la parada del 62. Alguien pitaba; no se puede detener el coche en la salida de Agrónomos, hay un solo carril.

El SIMCA se sube a la acera y para el motor. Hay demasiada gente en la parada. ¡Oh, no! el imbécil de Juan se acerca a "ella" y le dice algo. "Ella" mira el reloj y le responde. El se calla y callado sube al autobús detrás de "ella". "Ella" pica su bono-bus y va hacía dentro, y el 62 se aleja...

¡BRRRROMMM! El SIMCA arranca con todo el acelerador. El 62 para ante el semáforo diez metros más allá. Nuestro héroe aparca a la derecha. El 62 se va con el semáforo en verde; otra vez a correr. Al rato llegan a Moncloa, se bajan todos y ella empieza a andar en sentido contrario al de los coches. El SIMCA tiene que dar la vuelta a la Junta Municipal de Moncloa, sale a Princesa y ella sigue andando por la acera de enfrente. Tras quince minutos de mirar escaparates y dos o tres litros de gasolina, "ella" se mete en el Corte Inglés de Princesa. El aparca en doble fila; el coche está que arde, quince minutos en primera...

¡Un momento! ¿Cuántas puertas tiene el Corte Inglés? No conozco el de Princesa. Ojalá no haya más que una.

Tres cuartos de hora después, "ella" sale por la misma puerta que por la que entró (¡Milagro! Gracias, Señor) con dos paquetes. Coje un taxi en la calle Alberto Aguilera y sale zumbando. Para nuestro héroe está prohibido girar a la izquierda y hay cuatro guardias. El SIMCA se mete por un lateral, y cuando llega a Alberto Aguilera no hay ni rastro del taxi. En el radio cassette del coche suena "la maleza roja" de la Guerra de los Mundos: todo ha terminado.

¡Que largo fue el verano de 1989! A nuestro héroe le quedaron dos, y lo blanquecina de su faz denota la falta de playa... y de más cosas. Ha conseguido borrarla de su mente y mira la vida con otra cara. Todo es más matematico, más exacto. Nada de emociones vanas. Si alguna vez me gusta otra chica, se lo digo y en paz: "I ploy you. Do you plof me?" Lo malo de esta sociedad es el manto de protocolo que la cubre.

En septiembre nuestro héroe está estudiando en la biblioteca: Hidráulica. Baja a hacer unas fotocopias de unos exámenes ya resueltos, ya que la de la Biblioteca no funciona. En la fotocopiadora hay dos chicas... En ese momento, la amiga Mil Veces Maldita dice: "Voy a ver si el de Edafo está en hora de tutoría", y sus ojos azules se pierden por el hall, camino del departamento de Edafología.

Allí, "ella" y nuestro héroe. Sus ojos negros miran el libro de edafo que está fotocopiando. Ella deja de fotocopiar, sus rizos se vuelven y le habla.

- Si sólo vas a fotocopiar eso, pasa tú delante porque mira todo lo que me queda

Todas las vigas que nuestro héroe construyó en verano para sostener el ánimo se vinieron abajo. La buena moza, además de tener una voz grácil y melodiosa, es un dechado de virtudes. Nuestro héroe murmura un "gracias" seco, eléctrico, casi borde. Está hecho polvo. Todo le tiembla al meter los duros en el agujero. Una hoja detrás de otra, intenta planear más conversación, pero todo lo que sale de él es silencio.

La última hoja. Seguro que tengo algo más para fotocopiar arriba, aunque sean apuntes míos. Al retirar las hojas, "ella" deposita el pantanoso libro de Matemáticas sobre la fotocopiadora y echa por la ranura una brillante moneda de veinte duros. Nuestro héroe se despide con un "adiós" rapido y empieza a subir por las escaleras a toda marcha. Al subir se oye un "hasta luego" tan perfectamente pronunciado que le hace acelerar. En su espantada tropieza con un escalón y se cae. Por fortuna, ha sido en el segundo tramo, donde a lo mejor ella no le ha visto. Oye, o le parece oir, un carraspeo que igual puede ser una risilla de ninfa o una tos de bedel. Pues no: es la calculadora, que ha salido rodando. Sin levantarse, no vaya a ser que "ella" esté mirando, recoge sus gafas, la calculadora y, aún a rastras, reúne los papeles y se pone de pie sin mirar hacia abajo. Tanto si le ha visto como si no, ya le da igual.

Suelta un suspiro de alivio al llegar al primer piso y salirse de su campo de visión. Tras semejante experiencia se dirige al baño para tranquilizarse.

Queda claro que, por suerte o por desgracia, esa chica me gusta y voy a ser tan imbécil que la voy a dejar escapar. Veámos que puedo hacer: mirar las notas de Matemáticas es una idiotez, esa asignatura es tan farrogosa que le queda a la mitad de las Escuela. Aparte de eso, no me va a acercar a ella lo más mínimo. Juan Pedro decía el año pasado que para ser hombre de verdad hay que pasar dos pruebas: la "mili" y las matemáticas. Él prefería la mili, porque en un año ya te la quitas de encima.

Nuestro héroe se cercionó de que estaba solo en el baño y gritó con todas sus fuerzas: "¿COMO ES POSIBLE QUE LE HAGAN APRENDER A ESA PROBRE CRIATURA ALGO TAN HORRIBLE COMO LAS MATEMATICAS?", tras lo cual se sintió más tranquilo. Una de las cabinas del fondo se abrió y se asomó alucinado un tio subiéndose los pantalones.

Se pasó un montón de días dándole vueltas al asunto. Todo parece indicar que para tomar contacto con una chica desconocida sería más fácil que no fuera de la Escuela, pues a él no le cuesta nada tener tema de conversación con la empleada de una tienda o con las amigas de su hermana. Pero siendo de la Escuela, y sin amigos comunes, por muy cercana que parezca, está a años luz.

En noviembre a nuestro héroe se le encendió la lucecita. La manera segura de hablar con ella era meterse en el equipo de redacción del "AGROX". Una de las veces del año pasado, la vio leyéndolo. Cuando el AGROX salga, "ella" tendrá que acercarse a mesa y comprarlo, y él estará allí, vendiéndolo, demostrándola que es un hombre polifacético, que igual que estudia se dedica a la literatura. Y así hablará con ella de los artículos que se publican este año.

Solo hay un pequeño problema; la faceta literaria no la tiene muy cultivada. Hace más de cinco años que no hace un trabajo más o menos largo, le cuesta mucho expresarse. Y, además... ¿de qué escribiría? Todo lo que tiene que decir son duras críticas a la Escuela y poco más.

- Pero vamos a ver, ¿tú para que te metiste en estos? - le preguntó Susana a nuestro héroe en pleno consejo de redacción.

- Pues para echar una mano y eso.

-Entonces, ¿por qué te preocupa tanto no saber de qué escribir? No escribas y ya está. Muchos de nosotros no escribimos y seguimos tan felices

Realmente seguir tan feliz como hasta ahora no era plan. Nuestro héroe siguió pensando qué escribir, hasta que se dio cuenta de que lo que tenía que escribir era su propia historia en un artículo, y lo tituló "Plof story". El plan era genial: firmar con seudónimo, y de los 300 ejemplares. en el que le vendiera a "ella", nuestro héroe pondría con bolígrado azul al lado del título "Llámame", su nombre y su teléfono. Ella lo leería y se daría cuenta de lo que significaba para él. Si no lo llamaba, él lo entendería, pero si le llamaba...

- ¿Pero quien ha escrito esta novela rosa? ¿Vaya coñazo?

- Pues... yo - Nuestro héroe empezó a sudar.

- ¿Tú? ¡Tío! ¿Y en serio quieres que publiquemos esto?

- Bueno, tendremos que hacerlo por votación, como los demás! ¡Vamos, digo yo! - Susana apoyaba a nuestro héroe.

- ¡A Susana le gusta! ¡La hemos cagado!

- ¡Anda! ¡Como si todo lo que me gustará a mí se publicase!

- ¡No te jode! ¿Y quien se empeñó el año pasado en poner en la portada "AGROX" en letras góticas?

- ¡Bueno, pero no publicásteis la historia del novato aquél, que yo sí voté a favor y perdí la votación!

- ¿Y que me dices de la antología de chistes malos? ¡Eso clamaba al cielo!

- Vale... No empecéis a hablar todos a la vez... Calmaos...

- ¡Mira tío! Hay una razón muy clara por la que no podemos publicar eso, Cuando la gente compra el AGROX...

- ¡Sois una panda de gamberros! ¡Así no hay quien haga un consejo de administración como es debido!

- ¡Susana, calmate! Que digo que la gente compra el AGROX lo hace porque es una válvula de escape...

- ¡Joder, Cris! ¿Ya has vuelto a llegar tarde? Anda, deja el abrigo ahí.

- Pues tarde, pero al menos he venido, no como otros...

- ¡PUES COMO IBA DICIENDO, LA GENTE...!

- ¡La gente lo que quiere es sangre! Andan puteados todo el año, y cuando ven el periódico de los alumnos, lo que quieren es ver crucificados a los profes que les crucifican a ellos.

- ¡Exacto! Quieren sangre, y tú ¿que les das? ¡Batido de fresa! Además, la gente no solo sueña ¿sabes? La gente se acuesta ¡van a la cama, tío! - Nuestro héroe pensó que si hablarla era ya una utopía, lo de la cama era tomar la utopía y hacerle la transformada de Laplace.

- Yo creo que estaría bien si le cambiaras el final.

- ¡El final no se toca! Cada autor ha de expresarse según su libre albedrío

- No, si el día que a Susana le da, hay que joerse.

El día de la venta, todos los ejemplares estaban distribuidos en montones encima de la mesa. Todos... menos uno, que estaba debajo de la chaqueta de nuestro héroe. Dos horas y media después de comenzar a vender, en el descanso de las doce, vino una multitud bulliciosa. En medio, había dos chicas, y a nuestro héroe se le paró todo lo que aún no se le había parado. Al llegar a la altura de la mesa del AGROX, las dos pasaron de largo: iban al bar a tomar algo.

- ¡Ajajá! con que esa es... - dijo una voz susanil, socarrona y de lo más inoportuna.

Una eternidad más tarde, ambas salieron del bar, se pararon delante de la mesa dispuestas a comprar.

- Hola ¿que tal está el AGROX este año? - dijo la amiga MVM.

- Bien. Este muchacho es el que lo vende - Susana echó un cable a nuestro héroe.

- ¿Cuanto es? - preguntó "ella".

- Cien pesetas - dijo nuestro héroe mirando la recta del inifinito.

- Venga, danos un par de ellos - de nuevo M.V.M.

Echándolo más narices que nunca, nuestro héroe se volvió hacia su chaqueta, sacó la revista de debajo y cogío otra del montón. A continuación se las dio con los ojos perdidos en la película "Solo ante el peligro". Ellas pagaron a Susana y se fueron. Varias campanillas empezaron a sonar e nuestro héroe, y hasta se atrevió a mirar como "ella" salía del edificio. En medio del redoblar de los tambores y del himno olímpico que nuestro héroe empezó a tatarear, se oyó la voz de Susana que decía:

- Pues la chica tampoco era para tanto.

Anochecía ya cuando sonó el teléfono en casa de nuestro héroe. "Diga". Una voz femenina le llamó por su nombre: "Sí". Por teléfono no es tan difícil. La voz femenina le explicó que le había gustado mucho el artículo, que quería saber si iba dirigido a ella: "Sí". Le había parecido muy original, la mejor propuesta que había recibido, pero...

...pero que desgraciadamente ella ya tenía novio, que iban muy en serio, ya casi un año, que no podía ser, pero que quedarían como amigos, compañeros de carrera en la Universidad, que encontraría a otras mujeres..., toda la vida por delante..., un ingeniero como tú..., ...mundo mejoraría..., ...hombres..., ...animate...

Plof

La noche era profunda y oscura, como los ojos de ella. Fue muy corta la noche en la M-30. Un SIMCA 1200 y ocho años de EGB, tres de BUP, uno de COU y cinco de Ingeniería Superior de Agrónomos colisionaron contra el puente de Vallecas.

Y allí se quedaron.

Al día siguiente una mujer nueva se miraba al espejo. A pesar de las peleas con Joaquín, ella estaba contenta. Era capaz de despertar en un hombre mil cosas que ella no había imaginado. Y si se cansaba de Joaquín, siempre podría volver a llamar al del AGROX. No, pero por ahora no. No se lo diría a nadie. Joaquín no lo sabría nunca.

Y es que había pocos hombres que no sucumbieran ante su sonrisa y sus penetrantes ojos azules.




(En su publicación en la revista, éste relato incluía al final un "Llámame" de color azul en todos los ejemplares)



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